Sin comunidad no hay misión

Sí, no pongas esa cara. Lo sé. Me despedí  antes de verano hasta septiembre y estamos casi en noviembre… Han sido unas «vacaciones» un poco largas. Pero tengo una buena excusa y es que he estado liado soñando con un proyecto que, si llega a buen puerto, lo conocerás. ¿Qué te parece la excusa? Es buena ehhhh!!!! No dar explicaciones de nada y hacerse el interesante nunca falla. 

Bueno ¡basta ya! al lío. En el día de hoy quería dar las GRACIAS por algo tan nuclear en mi vida como la comunidad. Soy Misionero Claretiano y por lo tanto, vivo en comunidad. Para no hablar en abstracto, ahí puedes ver la foto que nos hemos hecho este año. Ninguno de nosotros compartimos la misma edad, pocos coincidimos en lugar de nacimiento o estudios, si hablamos de personalidad o gustos ya ni te cuento. Entonces surge rápidamente la pregunta: «¿Cómo os entendéis y podéis vivir y trabajar juntos, José Enrique?». Sencillamente porque nos une algo mucho mayor que todo lo anterior.  Compartimos un carisma, una llamada, una razón de ser en este mundo, una misión en definitiva. 

Compartimos un carisma, una llamada, una razón de ser en este mundo, una misión en definitiva.

Y no me imagino ser misionero sin esta comunidad  con la que compartir misión. Una comunidad donde discernir juntos qué nos pide Dios en la realidad donde vivimos. Es tan sencillo y tan complejo como suena.  Nos hace en este momento en la realidad que nos rodea.

Cada día tengo más claro, viendo esta Iglesia tan pecadora de la que formo parte, viendo esta pobretona comunidad en la que vivo, y aún más sabiendo lo limitado y poca cosa que soy yo, que Dios existe. Porque soy testigo de que a pesar de todo lo anterior, Dios sigue actuando con estos paupérrimos instrumentos (pobrísimos para los filólogos que estéis leyendo esto). No hay duda de que Dios es muy muy grande, misericordioso y que, si jugase al baloncesto, seguiría el artículo 34 apartado a).

Dicho esto, es que está muy claro en la Sagrada Escritura: los paganos de los primeros siglos no se convertían por grandes discursos razonados, ni muchas razones de por qué nuestro Dios es mejor que los suyos. Una prueba de ello fue el claro fracaso de San Pablo en el Areópago. Los primeros paganos se convertían porque no entendían nuestra forma de vivir y relacionarnos. Exclamaban: «Mirad cómo se aman». Y ya San Juan recogía las palabras de Jesús cuando aproximadamente nos indicaba: «Sed uno como mi Padre y yo somos uno, para que el mundo crea».

«Sed uno como mi Padre y yo somos uno, para que el mundo crea».

Por lo tanto, cuando hay un misionero solitario, sin comunidad, poco testimonio de Dios puede dar pues Dios, si algo es, es relación. Son tres personas en uno, pura relación, puro amor, pura donación, etc. (Esto último ya es tralla teológica, pero bueno).

Conclusión: Si ves a un misionero muy fuera de su comunidad, ayúdale e invítale a pasar tiempo con ella. ¡Un abrazo y hasta pronto!

PD: ojo, no te escaquees que te veo. No te escapes que hoy he tratado el término comunidad de forma limitada. Pero la comunidad en sentido amplio la forman todos los fieles, el Pueblo de Dios en su conjunto, así que tu hombro también tiene que arrimarse. Tal vez escriba sobre ello :D!

2 comentarios en “Sin comunidad no hay misión

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