Seguir a Cristo y creerte Dios

Hace tiempo que quería escribir sobre este tema. ¿Cómo pueden existir personas que se creen Dios y dicen que siguen a su Jesucristo? ¡¡¡¡¡¡¡¡Que alguien me lo explique por favor!!!!!!!!

No me sorprende ver personas así que no han tenido la suerte de encontrarse con Dios. Las veo en los medios, o a mi alrededor.Personas que creen firmemente que el mundo debe girar entorno a ellas. Conversas y te das cuenta que no buscan la verdad sino súbditos. Te declaran la guerra si planteas dudas acerca de sus planteamientos. Se ofenden ante cualquier gesto tuyo que no sea sumisión o aplausos. Puedes decirme: «José Enrique, buen hombre, no seas así, seguro que tú también tienes lo tuyo». Sí, lo sé, y soy consciente además de que tiene que haber «de todo en la viña del Señor», cada uno vive de la mejor manera que puede o le dejan. No hay que sorprenderse más de lo necesario, pero a continuación te dejo lo que a mí más me escandaliza y no termino de encajar de todo este asunto.

Los que «se creen Dioses» llenan su boca de seguir a Jesús, ir a misa, o incluso más escandaloso aún, «habiendo entregado su vida», como monja o cura. Éste «arquetipo» de persona no lo entiendo, de verdad. Sinceramente te digo que busco entender y lo único que saco en claro como respuesta es que «todos somos trigo y cizaña». Todos somos frágiles, todos somos pecadores y necesitamos de la misericordia de los otros, pero … ¿se puede estar tan ciego mirándose todos los días en el espejo de la Palabra? ¿estos especímenes no se miran o no se quieren mirar? Quiero excusar la intención al menos aquí, escribiendo en frío… porque en caliente me despacho bien, no soy muy santo que digamos. Sigo con mis pensamientos en alto:

Lo que más intrigante me resulta es cómo viven estas personas su seguimiento de Cristo.

Mirar el evangelio y poner tu vida delante de Dios es, por definición, saberte pequeño, frágil, pecador. Saber que intentas hacerlo bien y que no lo consigues. Saber que hay alguien más encima tuya. Que aquellos más torpes y marginados van por delante tuya en el reino. Y mi mayor pregunta que lo escuché en boca de una religiosa en un retiro: «Pensad que si os resulta tormentoso convivir o trabajar con ella, imaginaos ¿cómo será para ellas mismas? las pobres, 24 horas aguantándose y sin poder escapar». Me saca una sonrisa por el razonamiento tumbativo de dicha afirmación. Aún así es algo muy muy triste, una persona que sufra en sus carnes en lo vivir en paz con nadie, ni consigo misma, porque en todos ve una amenaza y alguien contra quien luchar.

Es una pena que el evangelio quede a un lado y sean las ideologías las que marquen la esperanza de uno.

Es una pena que el evangelio quede a un lado y sean las ideologías las que marquen la esperanza de uno. Ideas que se estrellan contra la realidad, y aquello que no encaje, se somete, aniquila o margina. Discursos cerrados con máximas injustas llenas de prejuicios. ¿Cuándo fue la última vez que has dicho la famosa frase de: «Todos los …(el grupo de personas que sea) son ….»? Yo confieso que no hace mucho y sé que no puedo ser más injusto. Lo hacen mucho con la Iglesia y nos repatea. «Todos los curas viven del cuento», por no afirmar cosas peores como «todos los curas son unos abusadores». «Todos los inmigrantes son unos ladrones», «todos los gays son unos promiscuos», «todos los políticos son unos corruptos». Máximas que se repiten hasta la saciedad y que si las pones en evidencia, te consideran enemigo de…  y te etiquetan en el bando contrario. Ya está, como si sólo existiese el blanco y el negro, no hay grises.

Aún así, siempre queda el recurso típico de añadir un prólogo a cualquiera exposición prejuiciosa que ayude a digerir mejor al interlocutor la afirmación irracional que uno va a hacer: «Respeto todas las opiniones», con la indiferencia de quien no quiere buscar la verdad, sino se cree en posesión de ella, o más lejos aún, no se cree en posesión de la razón sino que esa persona cree ser la razón ella misma.

«no se cree en posesión de la razón sino que esa persona cree ser la razón ella misma»

En fin, no creo que merezca más tinta este post. Aquí lo dejo, una publicación de mi incredulidad de que sea posible tanta ceguera en alguien que dice ser discípulo de Jesús, en nuestras parroquias, laicos implicados que entregan su vida, y más duro aún, dentro de la vida religiosa o sacerdotal. Tras haber escrito esto, creo que más que ver con la ceguera, tiene que ver con la inseguridad de quien no tiene suelo firme en su vida sobre el que pisar. Fuertes discursos, ideas fijas e inflexibles siempre esconden la propia inseguridad del que está detrás.

Ahí lo dejo, un post un tanto anárquico sin ideas claras, más bien una retahíla entrelazada de impresiones personales sin más fundamento que mi visión del asunto. Este post está necesitado de feedback y comentarios para ayudarme a entender este asunto.

 

Se despide un misionero que sufre ante discípulos de Cristo que viven atormentados y atormentan a los demás viendo en todos un enemigo a batir.

4 comentarios en “Seguir a Cristo y creerte Dios

  1. Difícilmente pueden dejar indiferente tus palabras a un cristiano. Muestran la realidad de la incoherencia del seguimiento en toda su crudeza. Y creo que de vez en cuando hay que hacerlo, porque en mayor o menor medida a todos, pienso, nos afecta ese arquetipo en primera persona. No son palabras que se digan alegremente porque amamos a la Iglesia y no nos agrada hablar mal de los que en ella quieren entregar su vida en pos de Cristo.

    Te agradezco, José Enrique, tu crítica porque en ella nos enseñas algo que debe dejarse requeteclaro: la vida religiosa y la sacerdotal es primordialmente para SERVIR FRATERNALMENTE (como la de lo laicos, no me voy a quitar responsabilidad). Ninguna forma de vida cristiana nos hace menos hermanos que los demás. Quien busque los ministerios para mandar, para hacerse notar o si quiera -creo yo- para ser líder, está condenado a servirse de los ministerios.

    Habrá que aplicarse la santa obsesión del Padre Claret: humildad, humildad, humildad. No porque no seamos nada ante Dios -hijos del Altísimo somos-, sino porque ante los otros la vida no es recibida, cual tierra (humus) que necesita ser regada, y desde ahí compartir recíprocamente. Nunca dueños, señores o si quiera maestros (cf. Mt 23,8-11).

    Espero no haberme alejado mucho del sentido de tu post. Sigue compartiendo tu vida misionera y eclesial con nosotros. Sigue afinando. Ánimo.

    Un abrazo

    1. Humildad… sí. El Santo P. Claret la trabajó unos pocos – muchos años en su examen de conciencia diario. ¿Seremos más santos que él? XD!

  2. Como dice “Dios de la tierra” de Brotes de Olivo, quizá el problema es que no terminamos de creernos que somos Dios… y nos devenimos en ídolos, “dioses” falsos. Algo que llevo rumiando últimamente.

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