El móvil, ¿una herramienta que une o que separa? Las respuestas suelen ir encaminadas hacia una dirección: «Depende, es como un cuchillo, se puede usar para matar a alguien o para ayudarte comerte una manzana». Siempre que escucho respuestas de este tipo me viene a la mente lo mismo: «¡Bravo! ¡Brillante! ¡Esta persona es un genio, súbanle el sueldo ahora mismo!
Vayamos enserio y no de respuestas simplonas o de quedabienes. No me voy a meter en un análisis sociológico porque no tengo ni idea. Lo único que quiero exponer es algo que llevo observando desde hace un tiempo. Ciertos usos del móvil nos hacen estériles para anunciar la buena noticia. Acabo de salir de la casa hace unos meses y gracias a desarrollar mi misión en un equipo itinerante, viajo mucho. ¿Qué está pasando? ¿Qué pasa? ¿Qué nos pasa?
El móvil se ha apoderado de todos nuestros espacios de ocio e incluso muchos del trabajo. Cualquier receso es ocupado por él. Todo el mundo comprueba sus mensajes no vaya a ser que tenga algo pendiente de lo que dependa el futuro de la humanidad. ¡Pero si no tienes ninguna responsabilidad, cenutrio! Y en el caso de que la tengas, si es realmente importante te llamará por teléfono en lugar de escribirte un whatsapp.
Otro momento épico del uso del teléfono es cuando hay reuniones. Uno está reunido, y mientras se debate algo, coge el teléfono y se pone a buscar alguna información desconectando de la reunión. ¡Pero vamos a ver! ¿Es vital la información que estás buscando? ¿Tenemos que estar esperando todos los demás a que la encuentres para poder seguir? ¿De verdad hay que detener el mundo y esperar a que respondas o acabes tu consulta? Hablo de ejemplos sencillos como planificar una formación a agentes de pastoral juvenil en una posición y, mientras discutimos el contenido de la misma, de repente a uno se le ocurre buscar el tiempo metereológico que hará, ¡genial! Sí, es importante, pero no se si es urgente para hacerlo en ese momento y detener toda la reunión hasta averiguarlo.
¿Qué testimonio estamos dando? Creo que las personas de nuestro alrededor se acercarán y dirán: «Mirad cómo se comunican» en lugar de decir: «Mirad como se aman». El amor se muestra con gestos, miradas, palabras, complicidad… no a través de una pantalla. Lo siento, vale más una mirada a tu novia y unas palabras de tu boca que 1000 emoticonos por whatsapp y saluditos de buenos días. Diría incluso que por mucho que escribas a través de una pantalla, hay un límite insalvable, se pierden muchos elementos por el camino (tono de voz, contexto, inmediatez, etcétera).
En fin, este post tiene carácter de denuncia. Ser testigo de que tantas personas generosas y de buen corazón entregan toda su vida al Señor y, sin embargo, por no cuidar pequeños detalles, quedan estériles comparados con el fruto que podían llegar a dar.
 
Sin más se despide un misionero apasionado por las tecnologías y preocupado por el mal uso que ve de ellas.