Porque lo vivido en un tiempo fuerte puede ser fácilmente olvidado. Porque conviene recordar agradeciendo, agradecer comprometiéndose y comprometerse a consentir como el primer día de encuentro. Sí, allí donde sentimos que de la nada nos abrazó el Todo…
Para no olvidar tu paso
¿Qué haré con esta sed de infinito?
¿Qué haré

con este tiempo de los intentos,
con esta posibilidad posible,
con este hacer de mi vida
algo nuevo,
algo distinto,
algo tuyo
y algo mío?

Pero dime,
¿qué haré cuando todo se nuble
y nada invite a hacerlo?
¿Qué hacer
cuando se me pasen las ganas,
cuando la emoción no me visite,
cuando la tensión se vaya?
Entonces,
me digo:
volveré a mirarte.
Volveré a que me hagas un hueco.
Allí, en la mesa de los amigos,
en el monte del grito,
en la piedra que sepulta.
Volveré,
para que vengas conmigo,
para que vaya contigo,
para descansar juntos
y te cuente que he caído.
Entonces,
no preguntaré
qué haré,
ni qué diré,
ni que esperaré.
Porque Tú,
Señor de mi sed de infinito,
Maestro de mi posible intento,
sé que estarás conmigo.