Desde hace tiempo, a nivel de comercialización se ha fomentado el mensaje de que las compañías regalan productos. ¿Recordáis cuando los bancos te daban vajillas, sartenes y televisiones por abrir una cuenta? O las ofertas 2×1 donde compras uno y te regalan otro. O cómo olvidar las promociones que adjuntan regalos: «Compra dos protectores solares y llévate de regalo un balón de playa Nivea», porque si es un balón de playa auténtico, es Nivea jajaja.

¿De verdad alguien cree que esos regalos se hacen desde la auténtica gratuidad?

Evidentemente no, si piensas que sí, te recomiendo revisar tu inocencia vital, porque te van a estafar más que a Hacienda.
Se han cargado el significado de la auténtica gratuidad. Se ha desgastado el auténtico significado debido a su uso masivo de forma interesada. La auténtica gratuidad es entregar algo sin esperar nada a cambio. Entregar algo incondicionalmente. Sí, sin condiciones he escrito. No consiste en ofrecer algo porque la otra persona vaya a corresponderme, ni porque me hace sentir bien (esto último muy típico en el voluntariado). ¿Entonces, cual es la razón de fondo de la gratuidad? Pues es tan sencillo como complejo. Me explico.
La auténtica gratuidad surge del verdadero amor. Amor al otro, sólo por ser otro. No por ser una persona atractiva ni simpática. Ni mucho menos porque esa persona lo merezca, generalmente la verdadera gratuidad se practica con gente que no lo merece. Por eso lo de «amarás a tus enemigos» ¿te suena? O eso otro de «no deis a quien sabéis que pueden corresponderos, sino a aquellos que sabéis que no tienen nada para daros». Esa es la auténtica gratuidad a la que nos invita el evangelio, pues sólo esa es la que nos hace dichosos. ¿Entonces la auténtica gratuidad tiene el fin utilitarista de ser dichoso? Bueno, si quieres verlo así, con esa visión tan simplista y cortita que busca tergiversar lo que escribo, adelante. Eso sí, solamente si verlo así te ayuda a vivir la verdadera gratuidad, pero no te me ahogues en bucle mental.

Qué difícil es vivir esta gratuidad de forma auténtica 100%

Qué difícil es vivir esta gratuidad de forma auténtica 100%, especialmente en la oración y en la misión. Eso de sentarte a orar y decir: «Estoy aquí por puro amor, no espero sentir nada, no espero que me des ninguna alegría, ni ninguna luz, ni nada… tan sólo estoy aquí contigo sin buscar nada». Yo aún no lo he logrado. Me siento y digo: «Aquí estoy, dame luz en esto. Estoy cansado, repara mis fuerzas. Vaya tela el nota ese, mándale fuego y azufre del cielo y llévatelo a tu lado pronto para que deje tranquilitos aquí en la tierra…» (¡lo típico vamos!).
Y aún más en la misión. Uno va a lugares donde todo son facilidades, todo es alegría, todo es fraternidad. Estás cómodo desde el minuto uno. Anuncias el evangelio como puedes, constatas que es bien recibido, de forma agradecida… ¡una maravilla vamos! Sin embargo, hay otros lugares que…, ¡madre mía! Todo son problemas antes de ir, todo son quejas y reproches. Piden atención todo el tiempo, están resentidos por historias que ocurrieron hace años (y que como comprenderás, yo no tengo ni p**** idea de ellas, ni nada que ver con lo que se hizo o dejó de hacer hace 20 años)… pero las echan sobre los hombros de uno. Anuncias la buena noticia y como si anunciásemos un lavavajillas antical, por un oído entra, y por otro sale. Tal vez podríamos dedicarnos a eso, a vender lavavajillas antical, sería mejor acogido que el evangelio.

Tal vez podríamos dedicarnos a eso, a vender lavavajillas anti-cal, sería mejor acogido que el evangelio.

¿Cómo vivir intensamente y amar en un lugar y en otro? Pues como se puede, para que te voy a engañar, para que te voy a contar milongas!!!! jajaja estamos en camino… Bueno venga, vale, anda. Voy a engañarte un poco: «gracias a la oración he logrado llevar a mi vida de forma perfecta y sin tacha alguna el «amar al prójimo como a uno mismo», ya he logrado esto, te invito a que lo logres y seas perfecto como yo ya soy perfecto».
Se despide un misionero que, ya que aún no puede predicar mucho con el ejemplo, predica alguna que otra mentirijilla final para animarte a vivir la auténtica gratuidad 😀
PD: «Dad gratis, lo que habéis recibido gratis» Mt 10,8.