Así son 7 días viviendo en un monasterio

Son las 22:07h, ya reina el silencio total. Vuelvo de rezar Completas dispuesto a acostarme pero decido sacar el portátil. Tras 6 días dormido, sin sacarlo de su funda, hoy sábado noche considero que ha llegado la hora de despertarlo para hacerlo testigo de mi estancia aquí, en el Monasterio de Silos (Burgos).

Este post se prevé muy largo, así que estás avisado. Contra toda costumbre, he tomado muchas fotos para incluirlas en el post. No es lo mismo que te lo cuenten a que lo veas con tus propios ojos, así que allá vamos!!!!

He venido aquí una semana para estar de ejercicios espirituales. Sí, un tanto atípicos pues no es el típico formato en el que un director predica los puntos a reflexionar, sino que mi acompañante me facilita unos materiales para ir trabajando según mis necesidades, así como el acompañamiento pertinente cuando sea necesario durante los ejercicios.

Silos es un Monasterio con muchas raíces, te invito a echar un vistazo si quieres conocer más sobre este lugar.

Entrada el monasterio de Silos donde se indica ya que es Zona de Silencio

Desde la entrada ya se anuncia: «Silencio, zona monástica». Al llegar nos recibe muy amablemente el P. Moisés, el hospedero actualmente. Nos enseña las habitaciones, muy bien acondicionadas y dignas. Una es la consigna que nos transmite reiteradamente, ¡no tocar nada de los radiadores! ¡está automatizado y calibrado, así que si tienes frío, abres la ventana!

Puerta de habitación de la hospedería

El primer día es de aterrizaje, visualizo el lugar, amplios claustros. Me dan un llavero con dos llaves, una para mi habitación, y otra para abrir todas las demás puertas que necesite. El camino desde la zona de huéspedes a la Iglesia se hace pasando por partes del claustro «nuevo» y otras del famoso claustro románico.

Claustro románico Monasterio de Silos

Tras unas pocas horas, ya comienzo a interiorizar otro ritmo de vida, uno marcado por el silencio y la paz. La primera noche decido dormir sin despertador, por eso de comenzar bien descansado… ¡iluso de mí! Muy pronto por la mañana hay rezos (la vigilia que se llama, lo que antes se denominaban maitines), total, que a las 5:45h suenan unas pequeñas campanas de un reloj para llamar al rezo. Al estar en un lugar extraño, cualquier ruido me despierta, así que tras esas campanas, las de las 7:30h de laudes, la duchas del vecino así como sus aperturas y cierres de puertas, pude descansar.

Mesa de estudio hospedería Monasterio de Silos

Dicho esto, tras un comienzo un poco accidentado, todo ha ido sobre ruedas. Tenía mis documentos de trabajo claros. Por la mañana profundizar en diferentes aspectos desde la Palabra de Dios, por la tarde, dichos aspectos enfocados más carismáticamente (sí, te lo traduzco, por la mañana un texto de la Biblia y por la tarde un capítulo de las constituciones de mi congregación, que recogen la vivencia de ese texto de la Biblia desde mi ser Misionero Claretiano).

Me hice mi horario por recomendación de mi acompañanate y al lío. Móvil apagado y guardado, (tuve que pedir un reloj para situarme con los horarios), y a dejarse hacer por Dios.

Tomás el incrédulo se encuentra con Jesús el resucitado

Y aquí estamos, sexto día y con muchas ganas de incorporarme a la vida ordinaria con el firme propósito de seguir ahondando y fijando más la vida en Cristo. El único que sostiene cuando soplan los vientos de la vida diaria, crecen las aguas de las ocupaciones, y aumenta el ruido de las preocupaciones.

Columna cruzada del Monasterio de Silos

Estar en un monasterio, la verdad, es que desintoxica de muchos «venenos», «cadenas» «vicios» «pecados» o como quieras llamarlo, que se cuelan en la vida diaria. Uno se habitúa y no le hace ningún bien, al contrario, te hace perder el sentido auténtico de la vida, la alegría, esa «sal» y esa «luz» a la que estamos llamados. Un ejemplo tonto, la desconexión total del móvil. De repente voy al baño, y sencillamente estoy jajaja. Sí, subo en el ascensor, y ¡sorpresa! estoy allí. Salgo a dar un paseo, y ¡increíble! estoy paseando, voy a mi cuarto a echar una siesta, a leer, escribir… ¡y sigo allí! Todos esos momentos antes se encontraban plagados de dispersión porque rápidamente en ellos consultaba el móvil bajo la lógica de: «Voy a ver si hay algo urgente urgentísimo que solucionar, que me hayan escrito por whatsapp y de lo que dependa el futuro de la humanidad» (sí, lo he escrito con un poco de caricatura, pero vamos que no anda tan lejana a la realidad).

Todos estos ratos pendiente de si hay alguna notificación, o aún peor, la ansiedad de ocupar los espacios de silencio consultando información que en ese momento no me aporta nada, hacen poco a poco mella en mí. Pongo este ejemplo porque creo que te puedes identificar bien, ¿no?

Huerta del Monasterio de Silos

La vida se vive con otro sabor. La realidad se mira con otro color. Sencillamente a partir de este silencio vital. Dicho esto, lo más importante, el tener tiempo cuasiilimitado para sencillamente estar con Dios. Qué maravilla, ¡madre mía! Si durante la cotidianidad del día a día voy a la capilla y ando inquieto, contando los minutos para la siguiente tarea, pensando en qué he dejado de hacer y qué me queda por terminar, etc., aquí, es sencillamente sentarte y contemplar. Una experiencia  magnífica a la que me ayuda mucho el ritmo de la liturgia monástica.

«Ora et Labora»

Te cuento, los monjes benedictinos (en este caso), tienen una liturgia de las horas propia, (unos rezos tuneados para ellos vamos). Pongo un ejemplo: laudes y vísperas son 4 salmos en lugar de 3 como el resto de los mortales. En este caso, cantan toda la liturgia de las horas (6 rezos al día). Es cantada en gregoriano, sí, el Monasterio de Silos es famoso por su gregoriano. Imagino que te sonará de eso, pues hace unos años se hicieron famosos mundialmente, ¡¡¡tienen discos de platino y todo!!! Pues todo se canta. Mucho en latín, otras cosas en castellano, etc. El hecho de obligarme a entrar en el ritmo de oración, la verdad es que pone el cuerpo en disposición a escuchar la Palabra de Dios.

Foto del Cristo del Monasterio de Silos. Es una copia de otro que no recuerdo donde está, es una copia exacta en dimensiones y material pero sin policromía.

Sí, te lo estás preguntando, lo sé. Pues sí, a las 6 de la mañana yo estaba despierto como un campeón en la Iglesia, allí con los monjes rezando. ¿Qué te creías, a quién pensabas tú que estabas leyendo? En mi día a día no madrugo, pero de visita a monasterios, ¡vamos!, el campeón de campeones.

Total, que tras esta experiencia sólo puedo decir que me encanta el ritmo de vida monástico para profundizar en el encuentro con Dios, y «ponerme a tiro». La verdad es que tengo la intuición de que la Iglesia del siglo XXI está muy falta de pulmones de oración como es la vida contemplativa. Hay mucha vida activa, laica y célibe, seglar y consagrada que se dedican a la acción directa en el mundo, pero cada vez quedan menos que dediquen su vida mayormente a sostenerla desde la oración.

Desde aquí se despide un misionero que pide a Dios que envíe más obreros a su mies, especialmente para la vida contemplativa. Son un pulmón de oración necesario para la Iglesia.

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