2×1 en lecciones de vida, vanidad y amor.

Entonces me dijo:

«Vaya cara se me quedó. Ya está, tarde o temprano, la vida te pone en tu lugar con tu vanidad».

Hoy te traigo dos lecciones de vida por el precio de una. Hace dos semanas estuve por Don Benito (Badajoz, España), trabajando con los jóvenes del Colegio de Don Benito y de la Parroquia que atendemos los claretianos. El equipo de pastoral juvenil vocacional hemos ido allí a apoyar la pastoral juvenil mediante convivencias, sesiones de catequesis, días de retiro, etcétera.

Confieso que me encanta estar en un equipo misionero liberado. ¿Liberado de qué? Decimos liberado porque no está sujeto a un lugar concreto, sino que aunque vivamos en Sevilla, viajamos por toda la Provincia Bética (la Congregación se divide en territorios que llamamos provincias, a la que yo pertenezco comprende Extremadura, Canarias, Andalucía y Zimbabue). Total, que me lío y no termino. Resulta que puedo ir visitando las diferentes comunidades claretianas de estos territorios.

Estar en las diferentes comunidades me permite conocer a todos los hermanos claretianos de mi provincia, así como todas las realidades pastorales y las personas con las que compartimos misión.

Uno de los días que bajé a cenar, me encontré a un padre mayor, el P. Leandro, y empezamos a charlar. Como le comenté que iba a ir al Monasterio de Silos me contó que él fue un par de veces a darles los Ejercicios Espirituales a los monjes, y que tenía una anécdota que le había dejado frito.

Resulta que una de las veces, él estuvo predicando los ejercicios. Como puedes imaginar, todos los monjes se ubicaban en una sala, y el padre les predicaba los puntos a reflexionar. El padre me dijo:

«Yo veía que en la primera fila había un monje muy atento siempre, me miraba fijamente e incluso asentía con la cabeza. No se le escapaba detalle. Yo lo veía tan metido en los ejercicios día tras día que a mitad de semana me acerqué a él con el corazón lleno de vanidad y le dije: “¿Qué le están pareciendo los ejercicios?”, su respuesta me dejó planchado porque me contestó: “Yo es que estoy sordo, así que mientras usted habla, lo que hago es rezar el rosario”».

Una vez más se demuestra que cuando uno habla en público, no se puede fiar mucho de las caras que pone la gente. Reflexiones aparte, el P. Leandro me decía lo que escribía al comienzo del post: «Tarde o temprano, la vida te pone en tu lugar con tu vanidad».

También estuvimos charlando sobre cómo iban las convivencias en el colegio. Compartí con él mi impresión sobre el comportamiento de los chavales. [Esto se merece otro post, pero aún no, voy a orarlo para no soltar demasiado veneno por mi teclado jejeje]. A raíz de eso, él me dio una lección de vida de esas que uno saca libreta y boli, o más aún, debería tatuármela en el pecho para que no se me olvidase. Me dijo:

«Escuchándote me hace recordar que cuando empecé a trabajar con jóvenes, yo les hablaba con la intención de convencer. Yo tenía claras las verdades que les iba a transmitir, eran lógicas, eran buenas para su vida, iluminadoras, les harían más felices. Sin embargo algo no encajaba. Pronto cambié de mentalidad y fui a lo esencial. No tengo que convencer a nadie, sino que tengo que amar a todos. Desde que me di cuenta de que tenía que amar a todos esos jóvenes porque tienen un pedacito de Dios, in fieri (latinajo que se usa en teología, significa por desarrollarse, por hacerse), pero lo tienen, cambió todo. No busco convencer, sino amar a quien le hablo, y mostrarles que Dios les ama. Yo hago mi parte, ahora que Dios haga la suya. Desde esta perspectiva todo cambia».

«No busco convencer, sino amar a quien le hablo, y mostrarles que Dios les ama».

Vamos que si cambia. Una depende de ti, la otra de Dios. Una es un tanto vanidosa, como si uno tuviese el poder de suscitar la fe en otros, en la otra uno se reconoce enviado. Y lo más importante, en la primera la buena noticia se reduce a una idea, algo puramente lógico, en lo que no hay que confiar… en la segunda se reconoce el misterio del amor de Dios, algo que no se puede explicar.

 

Tras este 2×1, se despide un misionero en prácticas, aún vanidoso, que demasiado a menudo confía en sus solas fuerzas para llevar la buena noticia a los jóvenes.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.