Hombre compartiendo comida en un bar

Le doy 34 puñaladas

De repente se me acercó hecho una fiera, diciéndome que él trabaja aparcando coches para ganarse la vida. «Yo no soy menos que nadie para que me falten el respeto así. Guiris de mierda, ahora mismo voy y le meto 34 puñaladas». Una hora más tarde, estábamos juntos cenando algo en un bar de postín y charlando sobre la vida. ¿Cómo cambió todo? Sigue leyendo y te lo cuento…

Os presento a Paco. Lo conocí cerca de la Plaza de Toros, allí estaba, aparcando coches. Por su aspecto intuyo que era gitano. Tiene la labia de quien lleva trabajando desde los 15 años. Todo empezó tal y como comenzaba este post, él vino hecho una furia hacia mí quejándose del trato que había recibido por unos extranjeros. Las primeras palabras que le dirigí fueron «tienes toda la razón, eso no está bien». Pensarás que lo traté como a un tonto, pero más bien entendía su frustración y, que la reacción más instintiva, era el deseo de eliminar de este mundo a quienes le ofendieron. Cuando se tranquilizó un poco me contó que necesitaba dinero para las medicinas de sus hijas, y empezó a reliarme para que le diese algo.

Por principio, yo no doy dinero en la calle, prefiero canalizarlo a través de las instituciones. Es una opción personal, tal vez algún día hable de ella. Se lo hice saber y le dije que yo mismo iría con él a una farmacia a comprarlas sin problema. Como podéis imaginar, me dijo que las únicas dos farmacias abiertas estaban en lugares muy lejanos así que mejor se lo diese a él. Al ver que no funcionaba ya que no iba a dar dinero en efectivo, me pidió algo para cenar, así que acepté bajo la condición de que fuésemos juntos. Y ahí comenzó.

Qué curioso. Paco, el violento y peligroso sujeto que amenazaba con apuñalar a alguien hacía un rato, resultó ser otra persona. Pedimos unas mini hamburguesas gourmet y un salmorejo. Mientras comíamos me contó que era original de Granada, del barrio donde he estado viviendo seis años. Tenía una mujer y tres niños maravillosos. Me comentó como Manolito, el más pequeño, siempre que veía en la televisión los anuncios de las ONGs de los niños de Africa, cogía su bocadillo delante de la tele y se acercaba para dárselos.

«Ojalá tuviese yo su parla para anunciar la buena noticia»

Me contó que a los 19 años se mudó a Sevilla para buscarse la vida. Trabajó en la construcción y la restauración (bares, restaurantes…). Actualmente, desde los años de la crisis no encuentra trabajo así que recorre el centro con un compañero tocando la guitarra para turistas, y también aparca coches. No quiere estar en su casa sin hacer nada, quiere llevar un sueldo a casa. Él no sabe leer y por ello trabaja duro para que sus hijos vayan a la universidad.

Un nuevo descubrimiento, cuánto que aprender de un hombre aparentemente violento, que resultó ser un padrazo. Un hombre analfabeto que sabe de la vida más que cualquier universitario tipo. Ojalá tuviese yo su parla, su lengua, su habilidad para comunicar y ponerla al servicio del anuncio de la buena noticia.

Finalmente nos despedimos y quedamos en hacer una visita al Cristo del Cachorro. Desde ese día, he vuelto a pasar por allí y no le he visto. Paco, algún día se cumplirá esa promesa.

Nota | La imagen, los nombres y los lugares recogidos en la publicación son ficticios para proteger la intimidad de las personas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.