prejuicios a los sacerdotes

Me miran cargados de prejuicios por ser misionero

Todos los días me cruzo con personas, que no me conocen más que de vista u oídas, y experimento que están cargados de prejuicios hacia mi persona. Sí, puede que tú seas uno de los que se sienta aludido, pero así es la vida, ¿qué quieres que te diga? ¿no escribo por si te sientes ofendido?

Todos los días experimento prejuicios hacia mi persona que me superan

«Bueno, ¿y qué prejuicios son esos?» te preguntarás. Pues son los prejuicios de los que nadie habla nunca, los prejuicios que no salen en la televisión, ni se ven por las redes sociales. Los prejuicios que si no fuese porque los estoy viviendo en mis propias carnes, alguno diría que no existen. De lo que estoy hablando es de los prejuicios positivos.

Me resulta increíble cómo personas que lo único que conocen de mí, es que soy misionero claretiano, presupongan mil y una virtudes sobre mí. Ponen en mis manos lo más sagrado que tienen. Confían en mí su vida, abren su corazón, comparten sus preocupaciones, lo que les desvela por las noches, lo que les hace sufrir y también lo que les provoca profunda alegría.  Imagino que tienen en su mente que al ser misionero claretiano soy una persona de fiar, alguien bueno, e incluso santo. Pero como decía mi profesor de Pastoral y Catequética: «Puros puros los habanos, fieles fieles los difuntos, y bueno bueno sólo Dios».

«Puros puros los habanos, fieles fieles los difuntos, y bueno bueno sólo Dios».

Me descoloca en muchos momentos esta mirada que depositan sobre mí ya que con los años me conozco mejor jajajaja. Me digo voy a hacer esto, y no lo hago. Me propongo no hacerlo, y lo hago (imagino que os suena a algo ¿verdad? Rom 7,18-19). Supongo que hay algo mucho más grande que todavía no llego a asimilar, y es el hecho de cómo Dios actúa a través de mí a pesar de mis resistencias, defectos y limitaciones.

Es curioso cómo yo, teniendo 28 años, no soy José Enrique para muchos (un muchacho alto, «brutote», un tanto irreverente, que tendría que ganarse la confianza con hechos), sino un Misionero (alguien a priori confiable, dispuesto a escuchar, cuya palabra es iluminadora).

 

«Ya he dejado de ser José Enrique para muchos,
ya soy un misionero con todo lo que implica»

Dios hace grande todas las cosas, y se confirma que Dios no elige a los capacitado, sino que capacita a los elegidos. No soy un superhéroe (aunque a veces quiera parecerlo), y me conozco muy bien para creer que las buenas obras que puedan surgir a mi alrededor provienen de mí. Más bien soy un un grifo que deja pasar el agua, si cuido no tener mucha cal, permito salir más agua y más sabrosa, si ando atascado, saldrá menos y con un sabor un poco raro. El agua no me pertenece, cada uno lo que le corresponde.

Ahora empiezo a comprender las palabras que me dijo un padre claretiano mayor una vez: «Hijo, en la iglesia no quedamos los santos precisamente, sido los pecadores a través de lo que Dios hace grandes todas las cosas». Así que toma nota, no vaya a ser que te vengas demasiado arriba por tus logros, o demasiado abajo por tus fracasos. La MISIÓN la lleva Uno, el resto echamos una mano intentando estorbar lo menos posible 😉 Viviendo experiencias como esta soy testigo de cómo el reino se hace presente #aquíYahora #somosmisioneros.

3 comentarios en “Me miran cargados de prejuicios por ser misionero

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s