Ven y verás…

Cuando entras en nuestra comunidad de la Calle Lima (en Sevilla), nada más entrar observas este cartel de fondo. El otro día fui de visita y me surgió la pregunta: «¿Cómo se lo ha montado Dios para que yo acabe aquí, siendo Misionero Claretiano?». Nunca sido un chico muy implicado en la parroquia, ni he estado metido a tope en la pastoral juvenil, si acaso me he sentido atraído por lo social. Pude participar en experiencias de este tipo que cambiaron mucho mi forma de ver el mundo y de vivir.

Después de tanto tiempo tanteando mi sitio en esta vida, la única oferta clara que tenía de Dios era: «Quiero contar contigo, ven y verás».

«Quiero contar contigo, ven y verás».

No tenía claro si quería que fuese Misioneros Claretianos, cura, alguien implicado en la parroquia… Confieso que realmente no distinguía un sacerdote diocesano (el cura normal de tu pueblo), de un fraile, monja, o consagrado. Ya si hablamos de institutos de vida apostólica ni te cuento. Todos estos equipos religiosos de la liga divina del evangelio los fui entendiendo a posteriori.

Entonces ¿qué es lo que me animó a ir y ver su voluntad? Pues supongo que eso requeriría otra publicación es más larga así que la frase que a mí me marcó para dar el paso es esa que también marco del Padre Claret: «¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si al final pierde su vida?» Y sobre todo cómo continúa la frase: «Y qué podrá dar para recuperarla». Valoro demasiado mi vida como para andar viviendo la vida de otro que no soy yo. Como para estar en este mundo de una forma en que no me siento llamado. Demasiadas personas no pueden elegirlo, como para que yo, privilegiado en ese sentido, elija vivir un lugar en el que no siento que sea mi sitio.

«y qué podrá dar para recuperarla»

Ahora, una vez pasado un tiempo, estoy convencido que cuando uno experimenta esa llamada en una dirección, no necesita mucho más.  Igual que si te enamoras, no necesitas mucha más información de ella, ni calcular un proyecto de futuro, ni listas de pros o contras. Tú vas, te lanzas y a por ella. Pues así de simple, y así de complejo.

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